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jueves

No quieras dar flores siendo aun un esqueje

Mi amor, no quieras dar flores siendo aun un esqueje.

No tengas prisa por ser, por hacerte.

No corras, disfruta de todo momento

crece sano, tranquilo, contento.

Ensancha antes tus ramas

estíralas al viento.

Deja brotar tus hojas grandes

Haz profundas tus raíces.

llenate de sabia, rica y dulce.

Coge el calor del sol

y el frescor de la lluvia.

Mi amor, no quieras dar flores antes de tiempo

Espera y antes de que te des cuenta,

brotarán grandes, hermosas

Pero atiende a una cosa,

por muy bonitas que sean,

 coloridas y aromáticas

no serán lo que mas valga

Siempre seras tú mas que nada.



sábado

ESPERO QUE AL LEERLO TE ENCUENTRES Y TE GUSTES...




Todas las flores del desierto están cerca de la luz. Todas las mujeres
bellas son las que yo he visto, las que andan por la calle con abrigos
largos y minifaldas, las que huelen a limpio y sonríen cuando las
miran. Sin medidas perfectas, sin tacones de vértigo. Las mujeres más
bellas esperan el autobús de mi barrio, o se compran bolsos en tiendas
de saldo. Se pintan los ojos como les gusta y los labios de carmín de
chino.

Las flores del desierto son las mujeres que tienen sonrisas en los
ojos, que te acarician las manos cuando estas triste, que pierden las
llaves al fondo del abrigo, las que cenan pizza en grupos de amigos y
lloran solo con unos pocos, las que se lavan el pelo y lo secan al
viento. Las bellezas reales son las que toman cerveza y no miden
cuantas patatas han comido, las que se sientan en bancos del parque
con bolsas de pipas, las que acarician con ternura a los perros que se
acercan a olerlas. Las preciosas damas de chándal de domingo. Las que
huelen a mora y a caramelos de regaliz.
Las mujeres hermosas no salen en revistas, las ojean en el medico, y
esperan al novio ilusionadas con vestidos de fresas. Y se ríen libres
de los chistes de la tele, y se tragan el fútbol a cambio de un beso.
Las mujeres normales derrochan belleza, no glamour ,desgastan las
sonrisas mirando a los ojos, y cruzan las piernas y arquean la
espalda. Salen en las fotos rodeadas de gente sin retoques, riéndose a
carcajadas, abrazando a los suyos con la felicidad embotellada de los
grandes grupos.
Las mujeres normales son las auténticas bellezas, sin gomas ni
lápices. Las flores del desierto son las que están a tu lado. Las que
te aman y las que amamos. Solo hay que saber mirar mas allá del
tipazo, de los ojazos ,de las piernas torneadas, de los pechos de
vértigo. Efímeros adornos, vestigios del tiempo, enemigo de la forma y
enemigo del alma. Vértigo de divas, y llanto de princesas.
Las verdadera belleza esta en las arrugas de la felicidad...

Mario Vargas Llosa. Premio Nobel de Literatura 2010

jueves

LA MUERTE Y EL HORROR DE UNA VENGANZA IMBORRABLE

Perdidos en la brevedad de una noticia que aparece semiescondida en los medios periodísticos, descubrimos cada año el horror de asesinatos brutales de niños o niñas cometidos por sus propios padres. Crímenes que paralizan nuestras mentes, y que por lo espantosos nos hunden en la incredulidad.

Este año le ha tocado a Zaragoza, mes de abril: Una niña de cuatro meses perdía su vida junto a su madre. Dos meses después, en Almería, una mujer y su hijo de cuatro años morían desangrados por las heridas de arma blanca que el marido y padre les había inferido. Y hace pocos días, el sábado último, fue en una localidad coruñesa próxima de Betanzos, donde el padre de una criatura de 14 meses llamó a su mujer para anunciarle que nunca más volvería a ver a su hijo: el parricida no dudó en incendiar su coche después de haber amarrado dentro al niño con los correajes del asiento infantil que todo automóvil debe llevar dispuesto cuando hay pasajeros pequeños. Cuando llegaron los agentes de la Guardia Civil al lugar del crimen, el cuerpo del niño se hallaba ya completamente carbonizado.

En los tres casos, la mujer había tomado la decisión de pedir el divorcio; pero revela la investigación del suceso que en el último crimen el padre se había llevado al niño por propia decisión del derecho a tenerlo consigo.

Desde hace diez años han muerto en España niños y niñas (69) en circunstancias parecidas a las indicadas: sacrificados por su padre como objeto de venganza. Pero estas atrocidades no suelen ocupar lugar destacado en los noticiarios, ni son objeto de pública condena y reprobación, porque en realidad la sociedad no llega a tener conocimiento de la especial magnitud del crimen, debido a la poca incidencia de los medios de estas monstruosas noticias y a la instrumentación de que determinados padres se valen para minimizar el caso cuando de lo que se trata es de que la mujer quiere dar por terminada una relación ya extinguida por la violencia, y que si continua hasta ese momento fue únicamente por el terror que sobre ella ejerce el homicida.

No sólo están matando a las mujeres (58 en lo que va de año) sino que están acabando también con la vida de hijos/as, sea arrebatándosela en el acto vandálico de darles muerte, sea en esa tortura de por vida que significa la violencia que soportan durante la convivencia con un padre agresor y que llega a impedir el desarrollo normal de la personalidad en formación de los menores condicionando su futuro.

Ejercer chantaje sobre la mujer mediante la utilización de las/os hijas/os es la forma más ruin de perpetrar venganza y el molde más rastrero de inhumanidad que cabe concebir en quienes viven la relación familiar como si la mujer y los hijos fuesen objetos de su propiedad, perdida toda noción de la dignidad del sujeto responsable de sus actos con lo cuales entrar en valoración de equivalencia en términos de los Derechos humanos.


Esta denuncia se extiende desde el autor material del exterminio de las mujeres y los/as niños/as, hasta la sociedad que con su silencio lo consiente.

Madrid 5 de octubre de 2010



Fdo. Ana Mª Pérez del Campo
Presidenta Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas.

sábado

Me caí del mundo y no sé por donde se entra.

Me ha llegado esta carta por parte de una gran amiga y aunque se pueda ver en un principio algo larga, creo que no tiene "desperdicio."

Eduardo Galeano, periodista y escritor Uruguayo
(Para mayores de 30)

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ’por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ’guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ’compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenéis esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ’éste es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ’matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ’bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ’bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

Eduardo Galeano