jueves
tercera espera II
Me llaman, entro sola, como siempre. Me pesan (600gr menos que cuando comenzó mi embarazo, soy regordeta y en los tres embarazos he perdido peso pero, gracias al control de diabetes gestacional de el ultimo, me quedé muy bien, lastima que no lo he conservado, el peso digo jajaja).
Tensión normal, azúcar bien, desde ese, me hicieron controles cada media hora durante todo el proceso de parto y hasta dos horas mas tarde.
Exploración, como una rosa, pero no en flor, si no en capullo cerrado y verde, verde color esperanza.
Valoración... ponemos gel o goteo.... Se deciden por goteo, paso a una pequeña sala de dilatación, con una cama, una silla, monitores y un pequeñisimo cuarto de baño en el que casi no entro con mi barrigota.
Ya estaba depilada de casa, así que enema y con los apuros intentar entrar y acoplarme en el minusculo espacio. Me dejó el estomago revuelto para todo el día.
Entra una enfermera, majisima y sonriente, la verdad es que da gusto encontrarse con gente así. Simpática, cuidadosa y humana.
Me hace las típicas preguntas, que tal el embarazo, si es el primero, que tal los otros, si quiero epidural, sorpresa al enterarse que no y que con mis anteriores tampoco la usé.
Pasa los datos a la matrona y esta sin mirarme siquiera dice - ya, tu ofrecela la epidural de nuevo que seguro que después cambia de idea.
Me la ofrecieron no se las veces, pero no la quise en ninguna de ellas. Me molestó el notar que para la matrona era un problema que no la quisiera, no se si porque quizás si me quejaba las molestaría o si porque de esa forma no podían ponerme el goteo a toda caña para terminar su trabajo antes, o tal vez, y lo que creo mas seguro, por ambas.
La otra mami programada si quiso epidural y comentaron bueno pues centremonos en ella, se le pone goteo a lo máximo y así terminamos para cuando esté lista esta. Pobres, que lío de trabajo, pues al poco entra otra chica de parto. La matrona ya molesta porque nos poníamos al final a la vez.
Por fin entró mi marido, el pobre en un rincón pues espacio era el mínimo, yo quería andar, pero no se podía en la sala, me tenían prohibido salir al pasillo y encima con el goteo y monitor mejor quietita.
Así que ahí estaba sentada en la cama, con contracciones fuertes pero controlables, no quise leer, me puse música y a mi bebé que no paraba de bailar, solo con ver los meneos de la tripa ya nos entreteniamos todos.
El monitor pitaba extraño, no se si por los meneos de mi pequeño o por fallo. El caso es que lo cambiaron, todo esto sin comentarme que pasaba. Con el segundo nuevamente había problema y decidieron monitorizar por dentro, pero era imposible pues no podían llegar ni a romper la bolsa.
Los meneos y toqueteos, ya no recuerdo cuanto me molestaban, pero si que recuerdo lo que le molestaban a mi pequeño que huía dentro de lo que podía, subiéndose a lo mas alto e hincandose en mis costillas.
Después de unas tres horas, las contracciones eran mucho mas molestas y mas que estas unos pinchazos fortísimos que me hacían sudar, provocados por gases.
Procuraba relajar todo mi cuerpo, se que si me tensaba sería todo mas lento y doloroso para mi pequeño. Los dolores de los gases me tenían mas en tensión que las contracciones, al fin y al cabo estas subían y bajaban con pausas.
Me exploraron de nuevo notaba contracciones muy fuertes y a mi recuerdo de anteriores calculaba una dilatación de 7 cm, que decepción cuando al mirarme me dicen que de dos, pero que ya pueden intentar romper la bolsa. Con muchos esfuerzos y penita mía al notar a mi pequeño. Meten los cables y le pinchan en la cabecita.
Yo le hablaba y cantaba, procurando transmitirle mi calma. Mi bebé se movía y notaba como también movía los cables entre mis piernas.
Si en ese tiempo casi no dilaté y las contracciones se notaban tan secas y duras, tenia que hacer acopio de calma y paciencia para todo lo que quedara.
Con las contracciones notaba como escurría poco a poco liquido amniótico y eso me reconfortaba aunque también pensaba que todo liquido que perdiera le haría mas duro el paso a mi pequeño.
Al poco de una hora, notaba las contracciones tan fuertes que me resultaba incontrolable el no empujar. Preocupada por si empujaba antes de lo debido, llamé a la enfermera, no quería por nada pujar pero sentía que me descontrolaba.
También pude comprobar como el problema no era del monitor, aunque nadie me dijo nada en ningún momento, mi niño estaba sufriendo, como pasó con su hermana.
Me miraron y para mi sorpresa (y decepción de la matrona, que en ese momento estaba con el otro parto), en esa hora había dilatado toda, pararon el monitor, creo que para que no me preocupara y me llevaron a paritorio.
El "potro de tortura" no me gustó nada, era totalmente tumbado (en mis otros partos la camilla era reclinable y estaba mas incorporada), la postura me resultaba de lo mas incomoda, mi pequeño me presionaba los pulmones. No se si por ello, si por la postura de mi pequeño, si era por ser forzado, si era por su tamaño o por todo o varias o porque... pero el caso es que así como mis anteriores en pocos minutos estaba fuera, Diego tardó en salir algo mas de media hora, media hora de pujes sin descanso, no me faltaban fuerzas, pues de cada contracción me cargaba con lo máximo a poder ofrecer, pero mi miedo crecía, pues todo ese rato para el era sufrimiento.
Por fin asomaba la cabeza, quise inclinarme a cogerlo, pero la postura era un horror y enseguida me dijeron que traía dos vueltas y lo tenían que terminar de sacar ellos, me quede con las ganas aunque en ese momento era lo de menos. Tampoco pude sentirlo sobre mi vientre, según salió lo cogieron todo moradito. Llamaron con urgencia a mas gente, lo rodearon, no podía verlo, no le oía, mi marido me daba la mano, nos sentíamos tan impotentes, tan insignificantes.
No paraba de hablarle con mi mente -respira cariño, respira; quería entregarle todas mis fuerzas, mi pequeño. Quería ir a cogerle en brazos, hacerle reaccionar como fuera. Fueron unos segundos interminables, lentos casi paralizantes y entonces estornudó y le oímos quejarse, demostró toda su fuerza. Mi pequeño lloraba y yo tampoco podía parar, me temblaba todo el cuerpo, quería tenerle, le sentía tan lejos.
Pedí a mi marido que fuera con él, sentía la necesidad de ir pero yo no podía.
Salió la placenta, no se si antes o después de que me acercaran a Diego, enseguida me buscó y ahí mismo se engancho por primera vez a mi pecho. Ya no nos separaron hasta llegar a la habitación.
Después de un rato solitos los tres, entraron para llevárselo a bañar y ponerle un pijamita.
Aproveche también para ir al baño. Ya había pasado todo, la recuperación sin episio y sin anestesias fue casi momentánea, ya me sentía como nueva, aunque extraña por no sentirle dentro e inquieta por no tenerle al lado.
Al momento estaba con nosotros de nuevo y mis otros hijos también, no olvidaré nunca sus caritas cuando entraron y le vieron por primera vez.
Ahí tenia a mi gran familia. Mis amores, mi vida.
martes
Terminando mi segunda espera
Cuando estaba llegando a la semana 40 , a las típicas dudas de como estará el bebé, como será... se unían y rondaban dudas del tipo a ¿sabré cuando esté de parto?, ¿me pondré de parto sola? nueva experiencia para mi, porque aunque no era primeriza, mi parto anterior fue inducido. ¿será largo, rápido?... Dicen que los segundo son mas rápidos, pero tampoco quería ilusionarme con ello. A pesar de que disfruté y sentí como una muy buena experiencia mi primer parto, siempre he querido estar abierta y dispuesta a aceptar, preparándome para lo que pudiera pasar.
Mi matrono, Juanjo, un hombre excepcional, que aparte de estar en la seguridad social, también realizaba partos en casa. Hace un tiempo me encontré este enlace en el que está, sale en las fotos del ultimo parto de la lista "historia de Fran" por si queréis verlo, un parto gemelar en casa.
Juanjo me ayudó a sentirme segura, a desear no solo el tener a mi bebe, si no disfrutar cada trocito de su llegada.
Aunque fui a dar a luz al hospital y me atendió otro matrono estupendo.
Mi segunda experiencia muy buena.
Me puse de parto, no diré que sin ayuda, pues esa noche creo que mi marido puso parte al comienzo.
De madrugada comencé a sentir suaves contracciones, que aunque casi no se notaban eran acompasadas. Intente dormir pero no podía, mi cuerpo me ponía en aviso.
Me prepare un baño y me quedé ahí un ratito. Mi marido mientras me preguntaba de vez en cuando -¿pero tu crees que estas de parto?
y yo - que si, eso creo.
el -pero llamo a mi madre para que se quede con Azu o no.?? y el trabajo? aviso? a ver si aviso y después es una falsa alarma. (mas dudas añadidas a las mías, jajaja).
Nevaba, el suelo empezaba a cuajar y se unían otras dudas mas, - ¿mira que si esperamos y después no podemos llegar al hospital?
Nos fuimos al hospital enseguida, no sin antes despedirme de mi pequeña.
Me miraron y si, estaba de parto pero aun quedaba mucho, dilatada de escasos dos centímetros.
me dieron habitación y a esperar... rasurado, enema... Era 29 de diciembre, plenas vacaciones de navidad, casi sin personal y ni un solo parto mas. Tranquilidad y comodidad.
Pasé la dilatación paseando por el pasillo, entrando y saliendo del cuarto, dandome duchas y mas duchas (pues aunque tenia una hermosa bañera, no había tapón)
Solo me miró una vez mas el matrono, me puso monitores durante unos minutos y al tumbarme las contracciones casi pararon. Yo le comenté que no eran así las contracciones que estaba teniendo, pero el no le dio importancia, nos dijo que aun quedaba mucho y ni me exploró para ver si había dilatado algo mas.
Mi marido con el comentario del matrono de "aun queda mucho" decidió ir a comer algo con mi padre (que también estaba con nosotros desde que entremos).
Yo paseaba, me agachaba... hacia lo que me pedía el cuerpo, entonces llego un momento en que me notaba las contracciones muy fuertes y me escurría algo de sangre aguada por las piernas, salí de nuevo al pasillo. Una enfermera que pasaba me dijo que entrara de nuevo al cuarto y ella avisaría a mi matrono.
Llegó al momento y recuerdo sus dos comentarios:
1- como no me has dicho que ya estabas así.
¿decir? ya le dije que las contracciones eran mas fuertes de lo que vio y el romper aguas ni me di cuenta entre ducha y ducha.
Fui andando de su mano al paritorio y al pasar por las escaleras intente asomarme por ver si venia mi marido.
2- ¿donde vas?
yo- a ver si viene mi marido...
el- ¿tu marido? ¿a la porra tu marido! que estas de parto.
El matrono preocupado porque no tenia nada preparado, la enfermera de pasillo le acompaño aunque jamas había estado en paritorio.
Casi era cómico, el diciéndola saca unas gasas de ese cajón, no, del otro, no, espera que ya las cojo yo, ¡y no tiene vía! ... y ella nerviosita perdida, eso si muy cariñosa, diciendome que tranquila todo saldría fenomenal, que ya estaba avisado mi marido.
Me subí al "potro" me puso la vía con suero, aunque creo que innecesario.
Entro mi marido a tiempo, dos empujones y mi niño asomó la cabeza, en otro empujón mas salió del todo. Lo abrace, piel con piel, ese calor ese cuerpecito, notar su peso sobre mi vientre... son sensaciones que no olvidaré jamas.
La enfermera casi mas emocionada que nosotros.
Mientras salia la placenta y observaban que todo estaba bien estaban charlando mi marido y el matrono, el cual nos anunció orgulloso que ese mismo día se había enterado que sería papá.
En cuanto limpiaron a Pedro me lo dieron de nuevo y se agarró al pecho al momento.
Para mi fue una nueva experiencia muy buena. Diferente a la de su hermana, de la que también guardo gran recuerdo, en la poca asistencia que me dieron, me sentí muy bien atendida. La enfermera estaba pregonando a todo el mundo que había estado en el parto de mi niño, se catalogaba como tía y los dos días se pasó a visitarnos.
De nuevo animo a todos los que deseen compartir aquí su experiencia y dejo un enlace que habla sobre el impacto al nacer
lunes
Encuesta: Epidural...¿si - no?
miércoles
La importancia del estado de la embarazada
Se explica como puede afectar, en el carácter del niño, a largo plazo.
La verdad es que los cuidados, tanto a la madre como al hijo, en el plano físico, están siendo enormes, yo diría que en algunos momentos podrían ser excesivos (con visitas constantes al medico publico y privado a la vez), parece que se tiene que saber todo.
Pero el plano mental, los cambios, los sentimientos, la revolución que altera nuestro animo...
Eso tiene una respuesta corta y simple. Es normal, que la madre tenga dudas, miedos, cambios de humor.
y como es normal, pues ajo y agua, no les des más vueltas, no lo intentes analizar porque... ¿quien comprende a las mujeres? es imposible, ni nosotras mismas nos entendemos, y no merece la pena perder el tiempo en ello.
viernes
Terminando mi primera espera
Después de un comienzo de embarazo con amenaza de aborto.
Tras 5 primeros meses de vómitos incontrolados, nauseas continuas, sueros, perdida de peso...
Nueve meses de alegría inmensa, ganas, dudas, hormigueos de emoción, esperanza...
42 semanas de cambios físicos y mentales.
Viendo, según pasaban los meses ,a la par que aumentaba mi tremenda barriga crecía mis capacidades físicas, si, casi incomprensible y mas teniendo en cuenta que los últimos meses fueron también los tres meses de verano, me encontraba mejor que nunca, dandome paseos diarios de dos y tres horas, algunos días mas de un paseo y si no fuera porque no podía pasar de lado por sitios estrecho... mi barrigota no me molestaba en nada.
Recuerdo que mi marido me decía:
-porque te han puesto fin al embarazo que si no, te veo en la maratón.
Disfruté el final de esa etapa al máximo. Aunque ya tenia muchisimas ganas de ver a mi bebé, tenerlo en mis brazos, vivir esa nueva y maravillosa experiencia.
Se entremezclaba las ganas, la emoción, los miedos, las dudas de lo desconocido, los comentarios de: "aun nada?, "Pero cuanto te queda?" "pedazo barriga, eso no lo podrás sacar" "puf con lo que duele parir" y anécdotas negativas que se las podían callar en esos momentos (porque al parecer según el momento, te pueden contar que su parto fue el mejor del mundo o el peor)...
Finalmente me programaron el día, si, me indujeron el parto. Nueva duda, pues no sabia como era eso.
Entre en el hospital un viernes por la mañana, me dieron habitación, me hicieron las preparaciones varias (tensión, rasurado, enema).
Me di una ultima ducha y acudí a monitores.
Una nueva esploración, donde se vio que todo seguía igual de perfecto. Me rompieron la bolsa y pusieron goteo.
Al momento comenzaron las contracciones que en nada eran muy fuertes, por lo que en menos de media hora me quitaron la oxitocina, seguía el trabajo yo sola.
Me puse a pasear, pero comencé como al principio del embarazo, con nauseas y a vomitar. Siguiente monitorización, no se escuchaban bien los latidos, así que me toco tumbarme y monitorizaron por dentro. (me dio miedo ver los cablecitos que metían para su cabecita).
Tumbada de lado y casi sin moverme, no es que me sintiera incomoda, no tenia ganas de moverme, pero me sentía temorosa por lo que pasara.
Según crecían mis contracciones, los latidos de mi pequeño se relentizaban.
Mi marido, que estaba en todo momento, estaba peor que yo, no sabia como ayudarme, creo que esos pueden ser unos de los momentos de mayor impotencia para ellos.
No le hablaba aunque para mi era muy importante sentir que estaba allí.
Procuré relajar al máximo todo mi cuerpo y me centraba en no tensar nada en la contracción escuchando los latidos de mi bebe. Entre contracción y contracción, me dormía.
Hasta que llegaron a ser tan fuertes que creía que no podría aguantarlas más.
Un segundo paso por mi cabeza la frase: que me duerm.... pero no la terminé ni en mi mente, ¿dormirme? y perderme la mas maravillosa experiencia de mi vida?
En ese momento justo me dijeron, ya estas, puedes empujar.
Mis sensaciones cambiaron totalmente, hice un primer puje y me pidieron que parara, pues no llegaba a paritorio.
Tenia muchisimas ganas de empujar, sentía muchisima energía, fuerza, Pero a mitad de puje me decían que parara y tomara aire, mi peque tenia dos vueltas de cordón y con cada puje se ahogaba.
En dos contracciones, cuatro pujes, salió mi niña. Mi preciosa niña moradita, con su pelito mojado, sus mofletitos prietos. En ese momento conocimos a nuestra niña y vimos que era niña, pues no se dejo ver durante todo el embarazo. Lloré de alegría, me sentía cargada de amor, de energía, euforia. Mi bebe, tenia ahí a mi bebe y casi no me lo podía creer, tan perfecta y preciosa.
La apartaron de mi lado, casi no la pude tocar. La dejaron en la incubadora para observación, dos horitas.
Fui a la habitación sin ella, toda mi familia, amigos, estaban allí, y yo no paraba de hablar, eufórica, esperando mi regalo de Reyes, todo me era extraño, no podia cumplir mis necesidades, queria a mi bebé.
Hasta la noche, a eso de las nueve, no la trajeron.
Me la pusieron en mis brazos, la miré... ¿eres mi niña?, ¿mi pequeño bebe?, ¿eres la cosita pequeña que tenia dentro de mi acompañandome todos estos meses? entonces mi niña me dio una patadita, una patadita que me asombró y emocionó, me dio en el costado, justo donde, durante las ultimas semanas, me daba constantemente. Noté lo mismo pero fuera de mi.
Mi niña, mi amor. El domingo, a la hora de comer, ya estabamos los tres en casa. Parecia un sueño, nuestra familia crecia y nuestro tiempo se llenaba de nuevas esperiencias y alegrias.
Como anécdota contaré: que en paritorio estábamos, como no, mi marido y yo, La enfermera, la matrona y cinco o seis mas de practicas, mirando. No me molestó, en esos momentos no estaba para fijarme en más, e incluso me habría gustado que lo grabaran para verlo yo después, jeje. Pero nadie me pregunto si podían entrar. Escuche a la matrona decir por teléfono, justo antes de entrar a l¡paritorio, "subir que va haber un parto muy bonito". y allí les tenia.
Un parto más, un parto único e inigualable, con sus cosas, que serán mejores o peores pero son lo que fueron.
No es para mi el parto ideal, pero lo fue en ese momento. No me planteo en sí podía haber hecho esto... o dicho aquello...
Aquí os dejo algo que puede ser de interes sobre "el impacto al nacer".
Ah! ese mismo día... bueno ya en la noche, mi compañera de habitación dio también a luz, solo comentar que hace de esto mas de 12 años, el hospital del escorial, dejó e incluso animo a la parturienta a que se pusiera en cuclillas para el parto.



