Vengo de un gran árbol.
Me alimenté de su sabia, formándome, creciendo, saciándome.
Me cobijé sintiéndome segura bajo sus frondosas hojas.
Me balanceé curiosa, sin peligro en sus grandes y fuertes ramas.
Me alimenté de su sabia, formándome, creciendo, saciándome.
Me cobijé sintiéndome segura bajo sus frondosas hojas.
Me balanceé curiosa, sin peligro en sus grandes y fuertes ramas.
.Cogí color, dulzor y firmeza... hasta que llegó el día.
Ese día en el sentí la necesidad de caer, estaba lista, repleta de jugo, cargada de semillas.
Y sucedió, ni antes ni mas tarde, fue en el momento perfecto, el gran árbol lo sabía y aunque amaba tenerme prendida, me dejó caer.
.
Caí sin miedo, porque mi carne estaba densa y prieta.
Rodé y me deslicé, porque mi piel era firme y lisa.
Hasta que llegué a una gran tierra fresca, llena de minerales. Ahí quería brotar.
En esa tierra me hice árbol.
.
Y cuando crecían mis raíces y ramas, cuando me formaba, cuando mi corteza se fortalecía y mis hojas brotaban... me di cuenta, soy lo que soy gracias a ese gran árbol. Que me sostuvo paciente, me dejó estar y caer, alargó sus ramas para que el sol no quemara mis tallos tiernos y así he podido ser fuerte, soportar tormentas, sequías... dar fruto.
Pienso que no hay mejor fruta que aquella que maduró en el árbol.
Creo que para madurar no se ha de hacer mas que esperar paciente ofreciendo agua y sales minerales desde la raíz y la calidez de los rayos de sol.
Si, la gran parte de la fruta que tomamos está arrancada verde y ha madurado en cajas almacenadas y no está mala, tiene vitaminas, nos agrada su sabor y color, pero...¿no nos habría gustado mas si su maduración hubiese sido natural? ¿no estaría mas llena de nutrientes? ¿no tendría un sabor mas dulce?
Adoro mis frutos, mi sabia brota para ellos, mis hojas están para darles sombra y cobijo. Quiero ofrecerles mis ramas hasta que estén listos para caer, pues no hay mayor felicidad para un árbol, que la de ver crecer sus frutos y poder contemplar como ruedan seguros y resistentes hasta tierra fertil.





3 comentarios:
Es mucho mas duro y dificil de lo que me esperaba contemplar cómo ese crecimiento se acerca tan deprisa... pero es bonito, satisfactorio y emocionante verles crecer, y mas bonito todabia seguir creciendo yo a su lado. Un dia, menos lejano de lo que a mi me gustaria, mi pequeño tambien tendrá que caer y rodar... pero mientras tanto le cobijaré en mis ramas con todo mi amor!!! y cuando esté en su propia tierra sabrá que la sombra de mis ramas siempre estará a su disposicion, porque aunque crecemos siempre recordamos aquel lugar seguro: el regazo de mamá. ;)
Suka, tenemos la gran suerte de haber crecido bajo el cobijo de un gran arbol y aun crecemos ha su lado.
Y aunque la distancia sea grande, poseemos grandes raices que nos unen en un fuerte abrazo profundo.
Puede ser dificil, pero muy gratificante y siempre contamos con la gran sabia que nos prepara para que seamos capaces de esperar pacientes el momento y soltar nuestro frutos cuando esten listos.
un fuerte abrazo para todos
Qué ganas de comermer una manzana roja y dulce, hmmm
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