sábado

LO QUE LOS MAYORES ENSEÑAN

El suceso ocurre una tarde de diario en la entrada de la Casa de Cultura, momento muy transitado en el que mucha gente acude a realizar muy diversas actividades. Espero a que salga mi hija y procuro ser paciente entreteniéndome con las visiones que me ofrece el lugar.


Un hombre, de unos 50 años, entra en acción, llega a la plaza con un casco de moto en la mano e indumentaria... quizás para moto, poco apropiada. Bueno, para moto o para ir a trabajar, a no ser que trabaje en un chiringuito de playa, en atención telefónica o donde no se tenga en cuenta el aspecto. Llama la atención, por su corpulencia, su andar de paso fuerte y rigidez de espalda. Con camisa amplia por fuera de unos... cortísimos pantalones negros del tipo a los de atletismo!. Chocante, mostrando unas piernas más bien finusticas que parece que no pertenecen a ese mismo cuerpo. (como en esos puzles de niños donde intercambias cabezas, troncos y extremidades y algunos quedan de los mas graciosos). Pues algo de eso parecía, con sus piernas que terminaban con unos calcetines negros bien subiditos y zapatillas de tenis blancas.

Este hombre se encuentra con una conocida y se paran a hablar, tiempo en el que me ayuda a entretenerme pensando en ¿de dónde vendrá así? mientras espero entretenida a que salga mi hija. Bueno tampoco me gusta juzgar así que enseguida deduzco que está de lo más a gusto como está y decido mirar hacia otro lado.

La entrada tiene una cristalera grande y se puede ver bien el interior. Bajan la escalera unos muchachos, tres chicas y un chico, de entre diez y doce años, riendo y parloteando. Se acercan a la puerta justo en el mismo momento en el que el hombre de antes se repone su marcha para entrar.

Empujan la puerta hacia afuera y el hombre la sujeta poniéndose en frete de ellos. Todos se paran, se forma un tapón momentáneo y enseguida este señor les dice algo malhumorado: "¿no os han enseñado que hay que ceder el paso a los mayores?" y sin más dilación , con su cuerpo de armario de tres puertas avanza hacia el interior haciendo retroceder a los chicos.

En ese momento me viene a la mente la frase de "dejen salir antes de entrar" que también se podría aplicar, pero sigo mirando la escena, viendo como el hombre se marcha hacia el interior muy apresurado, prisa que no parecía tener cuando llego a la plaza y menos aun cuando se paró en su amigable charla con la mujer de antes.

Me fijo en los chicos, que salen por la puerta, no parecen molestos, ni afectados, pero me pongo a pensar si algo de esto se les ha quedado... algo como: ¿qué hay que dar paso a los mayores? o tal vez "cuando seas mayor podrás ir avasallando".

2 comentarios:

MaGiA dijo...

Muy buena tu reflexion final Marga!
Abrazos "predicando con el ejemplo"

Magda Pérez Hervás dijo...

Gracias Magia. Son cosas que no puedo evitar pensar.
Abrazos